1° de mayo y una izquierda con trastorno de identidad

El diccionario define CONFUSIÓN como: “un estado mental agudo, caracterizado por una concepción desordenada del medio, delirio, reducción de la capacidad de observación, confusión, patológicamente hablando, comúnmente se refiere a la pérdida de orientación (habilidad para ubicar correctamente cosas como el tiempo, lugar e identidad personal) y de la memoria (habilidad para recordar correctamente eventos previos o aprender nuevo material)” Analizando los discursos de este 1° de mayo descubrimos que define a la perfección a una izquierda que ha visto secuestrado su norte de defensa del trabajador, por reivindicaciones de violencia de género y  lucha trans. 

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En estos días mientras se preparaban las diferentes plataformas en Uruguay, para la celebración del acto más emblemático por las centrales de trabajadores del 1° de mayo, comenzamos con asombro a escuchar respecto del énfasis que tendría el discurso del acto del PIT CNT, lejos de ser la seguridad del empleo, la lucha sindical, este año se enfocaría en el redituable tema  – en cuanto a votos – de la violencia de género olvidando las históricas reivindicaciones de los sindicatos obreros. Lo que resulta bastante difícil de digerir, sobre todo cuando Uruguay presenta unos de sus peores momentos históricos precisamente en cuanto a seguridad de los trabajadores, quienes concurren a su trabajos con miedo, asistiendo al relato sin freno en la prensa de los homicidios, uno a uno de trabajadores que ya no entran de manera alguna en la fácil respuesta ministerial del “ajuste de cuentas”. Nos cuestionamos ¿este tipo de violencia no interpela? ¿o será que no vuelve en votos?

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Pero la confusión en la izquierda esta instalada y este escenario permite el más variado abanico de reclamos en un Día del Trabajador que ya no se reivindica como tal. Por su parte el Colectivo Ovejas Negras dijo presente en el acto del PIT CNT reclamando por #LeyTransYa… nos preguntamos ¿cómo congenia presente y pasado de la misma izquierda de Engels y Marx que confinaba y asesinaba a la comunidad homosexual?

Nicolás Márquez escribe al respecto “De los grupos sociales que el neocomunismo ha cooptado como banderín revolucionario para su renovada causa, se encuentra uno que paradojalmente la más ortodoxa izquierda tradicionalmente ha odiado, marginado, demonizado y confinado en campos de concentración todo cuanto pudo: la comunidad homosexual.

Y si bien tras la revolución comunista rusa de 1917 la homosexualidad fue a regañadientes tolerada en los primeros tiempos de Lenin, a medida que Stalin eclipsaba el poder de aquel hasta adueñarse por completo de la revolución, la sodomía pasó a ser no sólo despreciada por la doctrina sino combatida por la praxis: “En la sociedad soviética, con sus costumbres sanas, la homosexualidad es vista como una perversión sexual y es considerada vergonzosa y criminal. La legislación penal soviética considera la homosexualidad castigable, con excepción de aquellos casos en los que sea manifestación de un profundo desorden psíquico” sentenciaba la Gran Enciclopedia Soviética, en consonancia con el Código Penal Soviético, el cual penó la homosexualidad en su artículo 121 con al menos cinco años de confinamiento en los Gulags: entre 1934 y 1980 fueron condenados cerca de cincuenta mil homosexuales.

Una de las biografías modernas más completas que se hayan publicado sobre Stalin nos la ofrece el historiador italiano Álvaro Lozano, en cuya obra Stalin, el tirano rojo brinda no pocos detalles acerca del hombre “virtuoso y viril” que el Estado socialista se proponía construir a la fuerza: “Los campesinos, considerados ignorantes y sucios, fueron objeto de campañas para convertirlos en ‘cultos’. Se les enseñó a lavarse y a vestir elegantemente a la manera soviética, e incluso se realizó una campaña para que los hombres se afeitasen la barba. Una instrucción del Komsomol señalaba: ‘lavarse los dientes es un acto revolucionario’1. Fumar era considerado perjudicial para el ‘cuerpo soviético’. Un profesor, Nikolai Gredeskul, anunció la creación de hombres nuevos: serían ‘el hombre hermoso del futuro’, en parte obrero y en parte pensador (…). La orden de Stalin de que veintiocho millones de hombres bebiesen un vaso de vodka diario durante cuatro años para elevar la moral garantizó que la siguiente generación de rusos tuviese un claro referente alcohólico. (…) El régimen impuso un nuevo rigorismo moral, como expresión de la ética proletaria del trabajo, y se prohibió la homosexualidad”[7].

“En la URSS no existe la homosexualidad” sentenciaba Fedotov, sexólogo oficial de la burocracia moscovita. Finalmente, esta normativa represiva para con la sodomía se mantuvo vigente por décadas y recién fue levantada en Rusia en 1993, durante los ablandados tiempos de Boris Yelstin, cuando la URSS, presa de su fracaso, ya había sido formalmente desarticulada el año anterior.

En cuanto al otro gran aparato del totalitarismo comunista, el nacido en 1949 en la autodenominada República Popular China tras la revolución de Mao Tse Tung, la sodomía tampoco fue privada de persecución y castigo: los homosexuales eran condenados no sólo a penas de prisión sino de castración, llegando a la aplicación de la pena de muerte en los casos en los que ésta praxis había sido escandalosa. Recién en 1997 la homosexualidad se despenalizó en China, cuando ante la escasez y las hambrunas ocasionadas por el colectivismo, el asiático país comenzó a hacer méritos para “occidentalizarse” y así abrirse paso a la economía de mercado.

En las Américas, para no ser menos, el comunismo cubano dio la nota bajo la máxima sentenciada por el déspota Fidel Castro que rezaba“la revolución no necesita peluqueros” . Fue entonces cuando el eterno mandamás le dio venia a su obediente fusilador subalterno, el legendario Ernesto Che Guevara —cuyo rostro paradojalmente suele ser exhibido y enaltecido en las manifestaciones homosexuales contemporáneas— para que diseñara a partir de 1959 aquello que fue el tristemente célebre campo de concentración para castigo de sodomitas situado en la Península de Guanacahabibes, verdadera antesala torturante de lo que años después el propio castrismo masificó en la isla mediante numerosos campos de castigo bajo el programa de la UMAP, aquella política de represión estatal consistente en secuestrar homosexuales y someterlos a todo tipo de vejámenes procurando con ello su rehabilitación: “Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permita considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero comunista. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista (…) seré sincero y diré que los homosexuales no deben ser permitidos en cargos donde puedan influenciar a los jóvenes” declaró el propio Castro”

Leer mas en “Del exterminio a la utilización proselitista”

¿Debemos renunciar a cada escenario de lucha social de la pluridad de estratos que componen una sociedad, en detrimento de las reivindicaciones totalizadoras de un movimiento que cada vez tiene menos de social y de diverso? Por lo pronto vemos desaparecido el refugio que encontraba el obrero en la izquierda que decidió migrar hacia una lucha más redituable.

Por Franco Vera

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