Cruda realidad / El Cuento de la Doncella (contado por un idiota)

Hacía notar C.S. Lewis que es maldición de la humanidad a lo largo de la historia precaverse siempre contra el mal que apenas existe, contrario al que en cada momento mina la sociedad. En esto pensaba al conocer que en Estados Unidos se estrena en formato de serie televisiva una de las historias más idiotas de la literatura de anticipación, El cuento de la doncellade la escritora ultrafeminista canadiense Margaret Atwood.

El argumento va así. En un futuro próximo la natalidad mundial se hunde y en un país, Gilead, se forma un gobierno totalitario y, naturalmente, cristiano en el que las mujeres están subyugadas, por ley no tienen derecho a trabajar, a leer, a controlar dinero o propiedades.

La infertilidad mundial ha generado un reclutamiento de las pocas mujeres fértiles que quedan, llamadas “handmaids” (doncellas).

Cada doncella es entrenada, corregida y educada para luego asignarla a los hogares de los altos gobernantes, donde debe someterse a una violación ritualizada por sus amos varones para darles hijos a ello y a sus esposas.

¿Se asemeja a esta época en que la mayoría de las mujeres inician el proceso de divorcio, en el que casi siempre reciben la custodia de los hijos junto a las consiguientes pensiones alimenticias?

¿Suena parecido a lo que vivimos? ¿Tiene algo que ver con una sociedad en la que una mujer puede acusar sin aportar prueba alguna a cualquier hombre de maltrato y que la ley imponga la detención inmediata, no pudiéndose dar el caso contrario?

¿Se asemeja a esta época en que la mayoría de las mujeres inician el proceso de divorcio, en el que casi siempre reciben la custodia de los hijos junto a las consiguientes pensiones alimenticias?

¿Tiene algún punto de contacto con un momento en que la mujer que se queda embaraza puede, sin consultar al padre del niño, decidir si se deshace de él o lo tiene?

El padre, que no puede opinar si la madre del niño decide acabar con el hijo de los dos, deberá, si ella se decanta por tenerlo, pagar su parte de la manutención y educación de un hijo hasta su mayoría de edad al que quizá no vea jamás.

Un tiempo, en fin, en el que hay un ministerio (en parte) de Igualdad referido solo a la mujer, no al varón, de modo que una empresa donde solo trabajen hombres o las mujeres estén en franca minoría se arriesga a una demanda, pero no así una en la que todo el Consejo de Administración y los cuadros directivos sean mujeres.

Sí, es curioso que en la historia casi todas las histerias se dirijan contra el mal contrario al que existe, que pasa ignorado. Es la misma razón que hace que todo el mundo hable de luchar contra un fascismo que no existe o una islamofobia que no ha causado aún ninguna víctima en Occidente.

La condena del “supremacismo blanco” por Trump no enumera a los omnipresentes ‘antifa’ que recorren Occidente convertidos en jueces y verdugos

La semana pasada, sin ir más lejos, el presidente Trump se vio obligado a condenar el ‘supremacismo blanco’, esta vez de forma oficial y solemne después de haberlo hecho varias veces de modo oficioso.

La declaración no especifica qué es un ‘supremacista blanco’, lo que da estupendas oportunidades para que lo decida arbitrariamente el denunciante, y tampoco enumera en la condena ningún otro grupo como Black Lives Matter, responsables de pillajes y destrozos e inspiradores del asesinato de policías, o los omnipresentes ‘antifa’, que recorren las urbes de Occidente convertidos en jueces, jurados y verdugos de cuantos individuos deciden denominar ‘fascistas’.

Es perfectamente sintomático de la época de imbecilidad babeante -o de control mental asfixiante, ustedes eligen- que esta parábola idiota que denuncia lo contrario de lo que vivimos haya ganado el máximo premio de los Emmy. Hace tiempo que los premios premian la aquiescencia con la propaganda oficial, ese mundo inverso en el que viven los faranduleros al servicio de la élite.

En su monólogo más brutalmente nihilista, Shakespeare hace decir al rey usurpador Macbeth que la vida “es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”.

Algo semejante podríamos decir de esa narrativa que nos venden a todas horas nuestros mandarines en contradicción con nuestra experiencia diaria.

Fuente: Cruda realidad / El Cuento de la Doncella (contado por un idiota)

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