Ideología de género y violencia doméstica

“¿Por qué hay más violencia entre hombres y mujeres en las últimas décadas? Ahora que hay más leyes de igualdad, o leyes de violencia de género el número de asesinatos y malos tratos no desciende respecto a épocas anteriores. Y en algunos casos incluso aumenta. ¿Por qué? ¿No existe alguna relación de causa- efecto con el deterioro de la institución matrimonial, la leyes de divorcio-exprés, o las propias leyes de violencia de género que demonizan al varón?”

claudio-risè-696x464La tesis de Claudio Risè, en una entrevista  publicada por Tempi, es polémica y políticamente incorrecta. Pero se basa en reflexiones antropológicas y también en la observación.

¿Por qué hay más violencia entre hombres y mujeres en las últimas décadas? Ahora que hay más leyes de igualdad, o leyes de violencia de género –como la española aprobada por Zapatero- el número de asesinatos y malos tratos no desciende respecto a épocas anteriores.

Y en algunos casos incluso aumenta. ¿Por qué? ¿No existe alguna relación de causa-efecto con el deterioro de la institución matrimonial, la leyes de divorcio-exprés, o las propias leyes de violencia de género que demonizan al varón?

En la entrevista, titulada El Leviatán tecno-burocrático que lleva al hombre y a la mujer a la locura, Risè afronta la cuestión de la llamada “violencia de género” en una perspectiva distinta a la impuesta por la ideología dominante

Por su interés reproducimos la traducción que ha hecho Religión en Libertad.

Claudio Risé, a propósito de la famosa campaña No a la violencia sobre las mujeres encargada en 2008 a Oliviero Toscani (un niño moreno con su nombre, Mario, impreso sobre una tira negra situada sobre su cabeza y bajo los pies la palabra “verdugo” y una niña rubia, también ella desnuda, con su nombre, Anna, sobre su cabeza y bajo los pies la palabra “víctima”), escribió:

Verdugos los hombres y víctimas las mujeres: dos roles violentos e infelices, en cuyas jaulas estos niños son encerrados desde la infancia. Sus estatus de verdugo y víctima están impresos en su pertenencia de género.

En plena ‘sobremodernidad’ hemos vuelto a caer en el sexismo racista más oscuro, en estigmas y estereotipos de género que habrían preocupado a los ‘lombrosianos’ más siniestros [Cesare Lombroso (1835-1909), médico y criminólogo italiano, sostenía la predisposición al delito de ciertas personas por su tipología física].

¿Los resultados? Nuevas violencias. Transformar rasgos patológicos en características de grupo (es lo que hace el racismo) no ha traído nunca la paz y la armonía”.

“Deberíamos preguntarnos si todo, de verdad, ha empezado con una crisis de la relación hombre-mujer”

Por otra parte, la antropología, la sociología y la psicología observan desde hace tiempo cómo el malestar identitario alimenta los comportamientos más nefastos y deberíamos preguntarnos (en esta nueva civilización que avanza y en la que todo vale) (…) si todo, de verdad, ha empezado con una crisis de la relación hombre-mujer inscrita en el ADN (como respondió el propio Toscani: “¿Que por qué no es Anna la que se convierte en verdugo? Un poco depende de la sangre, del ADN, no hay duda”).

En su libro Femicide, gender & violence, Daniela Bandelli rechaza el simplismo con el que el discurso dominante, copado por el feminismo y la ideología de género, aborda la cuestión de la violencia contra las mujeres.

La relación con Dios, base de la relación con los demás

Es entonces cuando la respuesta de Risé introduce en la discusión otra cosa o, más bien, a Otro, con frecuencia marginado de un debate que es cada vez más ideológico en lo que se refiere a la igualdad y que está compartimentado por el género.

La base profunda del agravamiento de la agresividad y la violencia de los hombres hacia las mujeres, de las mujeres hacia los hombres y los niños, del todos contra todos que caracteriza el escenario occidental contemporáneo, es la crisis de la relación con el Otro, del que cada uno de nosotros tiene necesidad para relacionarse con los demás. Es decir, de la relación con Dios”, explica el psicoanalista a Tempi.

“Una crisis (fomentada por las instituciones de los Estados occidentales después de las revoluciones de finales del siglo XVIII para reforzar el peso del Estado en la organización y control de la vida de las personas) que todavía está vigente y que se ha materializado en el proceso de secularización.

A partir de los años 90 este proceso de marginación de Dios de la vida individual se ha hecho cada vez más difícil porque las personas sienten, hoy en día, una gran necesidad de tener, de nuevo, una relación con el mundo divino. Esta es la situación actual, abiertamente obstaculizada por los Estados, y que a veces las Iglesias no comprenden en profundidad”.

Es aquí donde nace la agresividad de la relación entre hombre y mujer: “No somos animales, y nuestro instinto, débil e influido por los continuos y confusos inputs del mundo ‘cultural’, no conoce el tranquilo y firme instinto animal, con su orden y tranquilidad característicos, como bien ha descrito Fabrice Hadjadj.

La unión entre el hombre y la mujer es un matrimonio sagrado entre dos personas de sexo distinto, ambas creadas a imagen de Dios que, así, reencuentran la propia totalidad.

“El hombre, como la mujer, están inquietos y la energía sexual se transforma en agresividad”

Si esto no se da, el hombre, como la mujer, están inquietos y la energía sexual se transforma en agresividad, pues el impulso hacia el otro nunca es plenamente acogido porque es, en realidad, de otra naturaleza, dotado de otros objetivos y necesitado de otras contenciones rituales, que se remontan al ámbito de lo sagrado, hoy muy despreciado, incluso temido”.

Las best practices [códigos de ‘buenas prácticas’] y todas las construcciones burocráticas-intelectuales (entre ellas la autodenominada “teoría” de género que, desgraciadamente, ha creado dificultades también en el círculo de los, por otra parte, útiles “gender studies” [estudios ‘de género’]) no bastan para combatir la violencia sobre las mujeres.

Y además representan “los intentos más recientes de deshacer las estructuras antropológicas de lo humano en favor de un Leviatán tecno-burocrático en el que la mujer y el hombre, privados de sus identidades elementales (varón-mujer, padre-madre), desarraigados del corazón y separados del alma, pierden la razón humana, sustituida por la locura lúcida característica de las formas obsesivas en las que se inspira la modernidad occidental.

Que, por otra parte, está mostrando, en mi opinión, fuertes signos de intolerancia a todo esto”.

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