Debate sobre caso resonante en Uruguay: Lilián Abracinskas, directora del Mysu, y Carlos Iafigliola, diputado por el Partido Nacional.

Debatir ideas se encuentra en la esencia democrática, no entendemos cuando se plantean argumentos jurídicos y científicos contrarios al aborto, que se tilde con el epiteto de fanático. ¿Resulta que no todas las ideas entonces son respetables? ¿Diversos solo en un sentido? 



Es un fallo histórico. Tremendamente positivo. Y además esperanzador, teniendo en cuenta la importancia que tiene que se defiendan todos los derechos humanos, incluido el derecho a la vida. La jueza hace un análisis integral del tema y pone arriba de la mesa todas las normas jurídicas que están a disposición en nuestro país. También está la Constitución y acuerdos internacionales a los que Uruguay adhiere, donde hay varios artículos en los que se defiende la vida. Está el derecho de la mujer, pero también el del padre. Y por encima está el derecho del bebé que está en el vientre materno, que tiene derechos que tienen que ser protegidos. Lo de la jueza genera un precedente importante en Uruguay para la defensa de la vida En este problema nos metió el Parlamento y el poder político. Vamos a seguir trabajando para que esta ley sea derogada.” Carlos Iafigliola, diputado por el Partido Nacional.

 

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Uruguay: Juristas y "juristos" ante el femicidio

Catedráticos opinan sobre el femicidio:“Tendríamos un universo jurídico para los hombres y otro para las mujeres” Esto ocurre cuando la ideología de género corroe la coherencia del orden jurídico.
Juristas reconocidos del ámbito nacional no concuerdan con la intención del Gobierno y de diferentes organizaciones sociales, de tipificar el delito de femicidio como muy especialmente agravado del homicidio porque, entonces se generaría un universo jurídico para hombres y otro para mujeres.

Tras el incremento de casos de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas, desde el Frente Amplio y organizaciones feministas se impulsa la necesidad de establecer el femicidio como un delito muy especialmente agravado del homicidio.
De ese modo se busca incorporar al Código Penal el delito de “femicidio” para los casos en los que la asesinada sea una mujer, por “motivos de odio y menosprecio”, con lo cual la pena pasaría a ser de hasta 30 años de penitenciaría.
Sin embargo, diversos juristas se han manifestado en contra de tipificar el delito de femicidio.

En contra del femicidio

En tal sentido, Juan Fagúndez, expresó a El País que quien mata “no lee el Código Penal antes, para ver si su acción es un homicidio común o especialmente agravado”.
“No entiendo qué nombre le vamos a poner cuando se hable de mujeres que matan hombres. Las mujeres también matan. Entonces, tendríamos un universo jurídico para los hombres y otro para las mujeres, y en la Justicia Penal, somos todos iguales ante la Ley”, remarcó Fagúndez.
Cuestionó que con el proyecto de Ley Integral sobre violencia basada en género “se está formando una opinión que genera presión sobre jueces, fiscales y la Suprema Corte de Justicia y eso está incidiendo en la invención de estos ‘Frankensteins legales’ en los que en una Ley introducen todo lo que les parece, le ponen dos tornillos y a caminar”.
Remarcó que la prevención del femicidio “es una tarea social, no judicial”.
En el mismo sentido, el abogado Hoenir Sarthou expresó a radio Carve que “es falso que las mujeres sean asesinadas por ser mujeres”.
“Siempre matan a su pareja. El vínculo no es la condición de mujer, es el de un individuo que tiene algún tipo de trastorno que no logra resolver situaciones de celo o separaciones”, indicó el jurista.
Agregó que las cifras indican que las mujeres son un 20% de las víctimas. “El machismo mata sobre todo otros hombres. Es falso que las víctimas del machismo son las mujeres. Son las mujeres como todo el mundo”.
También dijo que “no vivimos en una situación patriarcal, porque no hay elementos que hagan que una mujer deba estar sometida a un hombre jurídicamente. En el Uruguay sin dudas hay machismo y sexismo, pero no es un patriarcado”.
“No podemos empezar a crear penas diferenciales en función de las categorías de las personas”, sentenció Sarthou.

La intolerancia de los tolerantes

¿Realmente feministas celebran la inclusión de las mujeres en cargos de decisión como el de la jueza o solo se desea para algunas mujeres “bien pensantes” de acuerdo a la ideología dominante? No se denota para nada tolerancia ni diversidad.
Militantes feministas cuestionaron a magistradas cuyos fallos no le gustaron. El reclamo de derechos por parte de cualquier sector de la sociedad –políticos, gremiales, sexuales, raciales, de género- se puede hacer desde una perspectiva liberal y de respeto al derecho de los demás, o se puede ejercer desde una postura reaccionaria que luego de alcanzar su objetivo no puede con su condición y revela cómo el poder que reclama no busca una sociedad más diversa, porque a los reaccionarios la diversidad les incomoda.

El reclamo de derechos por parte de cualquier sector de la sociedad –políticos, gremiales, sexuales, raciales, de género- se puede hacer desde una perspectiva liberal y de respeto al derecho de los demás, o se puede ejercer desde una postura reaccionaria que luego de alcanzar su objetivo no puede con su condición y revela cómo el poder que reclama no busca una sociedad más diversa, porque a los reaccionarios la diversidad les incomoda.

En momentos que el país está en un pico de la atención pública sobre cuestiones de género y de reclamo de los derechos de las mujeres (realizados por organizaciones feministas o por mujeres independientes que no necesariamente lo son) han ocurrido una serie de episodios en extremo delicados que muestran cómo el hecho de que las mujeres alcancen lugares de relevancia en la sociedad, no es suficiente para que sean respetadas en el libre albedrío de sus ideas y convicciones. Y estos episodios demostraron, por si alguien pensaba lo contrario, que la desconsideración por la libertad de pensamiento y acción no tiene género (Lo advierto porque en estos días, a raíz de una columna sobre el feminismo, tuve que escuchar cómo algunas militantes se enojaban porque dije que la violencia contra los niños la ejercían tanto hombres como mujeres).
Luego de que Valeria Sosa fuera asesinada por su pareja, un policía en actividad, la jueza Iris Vega decidió que los dos hijos de la mujer quedaran en custodia con la familia paterna. Ante la evidencia de una mujer muerta, que otra mujer, una jueza, decidiera que los niños quedaran con la familia del asesino, no soportó los moldes de la tradición y, para algunos, del sentido común.
Organizaciones feministas pusieron el grito en el cielo y el centro de violencia doméstica del Ministerio del Interior, liderado por otra mujer, July Zabaleta, hizo un informe técnico que recomendaba que los niños fueran entregados a la familia materna. Al informe, firmado por otra mujer, Gabriela Maidana, se sumó una investigación realizada por la Suprema Corte de Justicia contra la jueza, en tanto que la fiscal del caso, otra mujer, Diana Salvo, apelaba el fallo. Pero la jueza Vega se mantuvo firme y el fallo aún no ha sido cambiado. Entre otros datos, la jueza se basó en las declaraciones de los niños que contaban cómo otra mujer, su abuela materna, los insultaba y destrataba permanentemente. De esto, las organizaciones feministas que cuestionaron el fallo de la jueza, no dijeron nada.
La semana pasada se supo que la jueza letrada en lo civil de Mercedes (Soriano), Pura Book, dispuso que una mujer suspenda un proceso de aborto, al hacer lugar a un recurso de amparo que presentó un hombre. La mujer le había avisado que quería realizarse el procedimiento previsto en la ley de interrupción voluntaria del embarazo. La fiscal del caso, otra mujer, Herminia Viotti, consideró que el embrión en torno al cual se debate no es aún una criatura humana, y se abstuvo de participar, dijo el abogado del demandante, Federico Arregui.
Como cualquier fallo judicial, la medida de Book puede ser criticada. Pero Lilián Abracinkas, de la ONG feminista Mujer y Salud, que reclama que las mujeres puedan acceder a puestos de poder como al que accedió Book en el Poder Judicial, fue más lejos y dejó caer sospechas sobre serias intencionalidades por parte de la magistrada. Dijo que hay que ver si la juez no integra un operativo con sectores conservadores y de la iglesia en procura de entorpecer la legislación vigente en materia de aborto. En declaraciones a Caras y Caretas que repitió en varios medios, Abracinkas dijo que “es posible inferir que en esa ciudad (Mercedes) existe una interna conservadora y que están actuando el Opus Dei o los grupos ProVida, que están haciendo todo lo posible por impedir la aplicación de la ley, y cuyas valoraciones filosóficas son admitidas por una funcionaria del Poder Judicial”.
Aquellas militantes rentadas no solo deberían celebrar que un 62% de las integrantes de un poder tan importante como es el Judicial sean mujeres, sino que, para ser coherentes con su prédica, tendrían que respetarlas en su trabajo. No tienen por qué pensar igual, ¡pero ubicarlas en el contexto de una operación que degrada su papel de jueza! En fin, con feministas así ¿para qué queremos machistas?
En lo que va del año hubo seis feminicidios confirmados. pero durante una marcha la Coordinadora de Feminismos del Uruguay decidió incluir uno más, el de una joven asesinada en el barrio La Paloma.
El domingo otra mujer salió a enmendarle la plana a quienes cuentan las muertes según su criterio personal. La jueza del caso, Marcela Vargas, dijo que no se puede afirmar aún que haya sido un feminicidio. ¿Puede serlo? Puede, pero para confirmar eso con seriedad, dijo, va a pedir la exhumación del cadáver de la joven. Y casi sin que el periodista se lo preguntara declaró a un canal de TV que está en contra del proyecto que tipifica el feminicidio como un nuevo delito.
Algunas organizaciones que reclaman que más mujeres ocupen cargos de poder y sus dirigentes (¿dirigentas?), que utilizan un lenguaje en clave de poder similar al que usan algunas organizaciones políticas de corte autoritario, tendrán que acostumbrarse a que una cosa son las mujeres tomadas, como ellas las toman, como una entelequia de pensamiento único, y otra muy distinta las mujeres en singular, como estas magistradas que, en el acierto o en el error, le plantaron bandera a la consigna y a la corrección política, y solo por eso, sin importar que fueran mujeres, tuvieron que soportar no solo la crítica sino también la falta de respeto de algunas congéneres. Basta imaginar cómo es esa reacción cuando el que piensa diferente es un hombre.


Cuidado nos inspeccionan!

Según el comisario de la ONU: “Hay algunos derechos absolutos y otros que no lo son” “la libertad de expresión y la libertad religiosa (…) podrán ser limitados si es necesario” Lo que no se conoce es el cargo del defensor de los DERECHOS HETEROSEXUALES… ¿ O será que no tienen derechos?

24 FEB 2017. El año pasado el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas creó la figura del defensor LGTB y designó en el cargo al activista tailandés Vitit Muntarbhorn. Su nombramiento despertó polémica a nivel mundial y fue rechazado, entre otros, por Rusia y la Organización para la Cooperación Islámica, que involucra a 57 estados. En sentido contrario se manifestaron las organizaciones LGBT.

El defensor global LGBT llegará a Buenos Aires el 1 de marzo para una visita de diez días y se reunirá con representantes del gobierno nacional y de los gobiernos provinciales, así como con individuos y organizaciones que trabajan por los “derechos de los homosexuales” en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza.

En nuestro país los homosexuales pueden contraer “matrimonio”, adoptar niños, modificar su sexo registral y adecuar gratuitamente su aspecto físico al “sexo autopercibido”. Ellos estiman que el mayor reclamo pendiente en el Congreso de la Nación es la nueva Ley Antidiscriminatoria, una ley mordaza que les permitiría perseguir a todos los que defienden el orden natural. “Hay algunos derechos absolutos y otros que no lo son”, ha declarado Muntarbhorn, “la libertad de expresión y la libertad religiosa no son derechos absolutos y podrán ser limitados si es necesario” (Infovaticana, 6/02/1017).
El “Experto SOGI” (Sexual Orientation and Gender Identity) llega el mismo día en que se abre el período ordinario de sesiones y, seguramente, viene a impulsar la sanción de la ley Antidiscriminatoria. La comunidad homosexual prepara esta visita oficial solicitándole al activismo LGBT que envíe sus reclamos al mail de Muntarbhorn en Naciones Unidas: ie-sogi@ohchr.org
El lobby detrás del lobby sugiere acercarle datos sobre:
·         Revisión de la protección contra la violencia y la discriminación sobre la base de la orientación sexual y la identidad de género en Argentina
·         Cuestiones clave sobre las que el experto independiente debe conversar con el gobierno
·         Personas clave en agencias gubernamentales, instituciones de gobierno o instituciones privadas con las que el experto debería considerar reunirse
Según publica hoy ACNUDH (Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los DDHH), la visita le permitirá a Muntarbhorn, “identificar no sólo buenas prácticas, sino también problemas existentes para los que dará recomendaciones concretas”.

Fuente: http://www.notivida.com.ar 

Uruguay fallo histórico: se ordena suspensión de aborto por petición del padre

Se establece un precedente a favor de la vida y en respeto a los derechos de todas y todos. Este fallo deja en evidencia que lo único abortable es una ley de aborto muy mal concebida.

En una sentencia sin precedentes en la legislatura uruguaya, una magistrada de un juzgado del interior hizo lugar a una solicitud de amparo que un padre presentó en contra de su pareja, quien había iniciado en una mutualista el procedimiento para voluntariamente interrumpir su embarazo.

Un fallo sin precedentes en la legislatura uruguaya tuvo lugar a principios de semana en un Juzgado del interior del país. La jueza Pura Book Silva hizo lugar a un pedido de amparo que un padre presentó para que se suspendiera el procedimiento de interrupción voluntaria de un embarazo de diez semanas de gestación, que su pareja había comenzado en una mutualista.

La diferencia entre ambos progenitores generó una situación única en el país, ya que rige la ley 18.987 sobre interrupción voluntaria del embarazo, o también llamada “Ley de Aborto”.

En el fallo judicial, que publicó Uypress y al que también accedió El País, la magistrada dispuso “hacer lugar a la demanda de amparo, disponiéndose la suspensión por parte (de la institución médica) del proceso previsto en la Ley 18.987 respecto de (la madre) dirigido a la interrupción del presente embarazo atento a la falta de prueba por falta de registro en el cumplimiento de los requisitos previstos en el artículo 3, inciso 1° de dicha ley”.

Y agrega comunicar al “Ministerio de Salud Pública – a la Dirección General de Secretaría del dicho ministerio lo resuelto a los efectos de ser tenido en cuenta si corresponde”.

Los hechos.

El hombre había entablado una relación amorosa con la mujer, fruto de la cual concibieron a un hijo.

Si bien las partes no conforman una pareja, con las connotaciones propias del concubinato, el padre expresó su disposición a hacerse cargo de su hijo, independientemente de que la madre esté dispuesto a ejercer su rol como tal, explica el texto judicial.

Pero el pasado 25 de enero, la madre le comunicó verbalmente al padre que había comenzado el trámite ante una mutualista para poner fin al embarazo, ya que su deseo era no dar a luz al niño.

El padre intentó “de todas las formas posibles hacer reflexionar a la demandada para que depusiera de su actitud, lo cual resultó infructuoso, en cuyo mérito activa los mecanismos legales tendientes a la protección de la vida del hijo en común”.

Interpretación de la ley.

La magistrada entendió en su dictamen que “la ley (de aborto) no puede entenderse e interpretarse como una operación matemática que con todo respeto parece que se pretende: vio al médico, vio al equipo, expresó razones – etapa que no fue asentada-, está dentro de las doce semanas = corresponde la interrupción del embarazo”.

“Por eso debe de existir seriedad en la aplicación e interpretación de esta ley junto a todo el sistema jurídico nacional, so pena de que quienes son directamente perjudicados queden en estado de auténtico desamparo, en forma irremediable. Y entonces esto justifica la actuación inmediata de la justicia, a requerimiento del progenitor, que pide se protejan los derechos de su hijo y se adopten medidas de protección, pues de lo contrario se dejaría en la indebida indefensión los derechos del concebido”.

En otro pasaje del fallo, la jueza argumenta que “toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”. También agrega que la continuación del procedimiento de interrupción del embarazo “significa un daño violatorio de los derechos de la personalidad, consagrados en los art 72 y 332 de la Constitución Nacional, dado que se lesiona el derecho a la vida del concebido”.

La demanda también tiene un reclamo de inconstitucionalidad de la ley. En la sentencia, la jueza argumenta que “el encuadre jurídico del tema por el que presenta la acción de amparo, analiza sus elementos, plantea también la acción de inconstitucionalidad, y solicita la adopción de medidas cautelares de protección para salvaguardar la vida de su hijo prohibiendo continuar procedimientos tendientes a poner fin al embarazo de la accionada, teniendo presente que el bien supremo es proteger la vida, derecho superior e inalienable, que se encuentra por sobre cualquier otro derecho de terceras personas y que como tal debe de prevalecer”.

El recurso de inconstitucionalidad fue remitida a la Suprema Corte de Justicia.

En otra parte del fallo, Book menciona las razones de la mujer para interrumpir el embarazo. Se menciona que “tiene un rechazo natural al embarazo, yo no tengo ganas de estar embarazada ni soportar que me obliguen, conociendo mis derechos que me otorga la ley pude acceder al derecho de iniciar el trámite y hacerlo. Aparte de lo natural que no tengo ganas todo lo que es ámbito social, económico, laboral, sicológico, todo eso me lleva a ratificar la idea de no tenerlo”.

En sus consideraciones finales, la magistrada establece que “dado lo opinable y discutible que puede ser el tema, la suscrita quiere dejar expresado el profundo respeto desde el punto de vista humano y jurídico que por cada uno de los integrantes del proceso y de sus posiciones siente, y que la decisión a la que se arriba ha sido explicitada y fundada, sin perjuicio de mejor o diferente opinión, obviamente”.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/informacion/jueza-ordena-suspender-interrupcion-embarazo.html

El hombre y el aborto: ¿también puedo decidir?

Si demandamos una paternidad responsable, ¿no será justo que también puedan decidir? Si dos consintieron la relación sexual ¿solo uno decide terminar con el fruto de la misma?

Históricamente, el hombre ha quedado excluido de la decisión de una mujer que no quiere tener su hijo, y hay algunos que desean ejercer el derecho a decidir pero no cuentan con herramientas para ello.

“Si queremos hacer relevante el papel de los padres, también necesitan derechos. Si un padre está dispuesto a comprometerse legalmente a criar a un niño sin la ayuda de la madre, debería ser capaz de obtener una orden judicial contra el aborto del feto que ayudó a crear”. Dalton Conley, decano de la Facultad de Sociología de New York University, no pensó que una afirmación como esta generaría reacciones tan encarnizadas. La idea era parte de un artículo llamado “A Man´s Right to Choose” que apareció en diciembre de 2005 en The New York Times.
Allí planteaba que un hombre está en posición de desventaja si la mujer con la que ha tenido relaciones sexuales consensuadas desea interrumpir su embarazo de manera voluntaria. “Cuando hombres y mujeres se involucran en relaciones sexuales, ambas partes reconocen el potencial de crear vida. Si los dos participan de manera voluntaria, ¿no deberían tener ambos algo que decir en la posibilidad de tener el bebé resultante?”, se preguntaba. El artículo de Conley no era un ejercicio académico. Partía de una experiencia personal cuando tenía poco más de 20 años y su novia había quedado embarazada. Aunque tenía muchas ganas de ser padre, ella no estaba lista y había “preocupaciones médicas menores” sobre el feto. ¿Tenía algún derecho de detener el deseo de su novia de interrumpir su embarazo? No, ninguno.
La polémica se dio en Estados Unidos, donde el aborto inducido es legal hasta los tres meses de embarazo. En Colombia, donde este solo está permitido en caso de violación, por malformación del feto incompatible con la vida y por peligro de muerte de la madre, el debate tiene otros matices. Sin embargo, en ningún caso es un dilema fácil. Por un lado está el derecho que defienden las mujeres a ser dueñas de su cuerpo y, por consiguiente, a tomar una decisión que –desde el punto de vista biológico– las afecta solo a ellas. Por el otro, el que reclaman los padres a participar en la decisión de interrumpir el desarrollo de una vida en cuya procreación participaron 50/50. El hecho de que sea el cuerpo de la mujer y no el del hombre el encargado del embarazo es inmodificable. Pero ¿cómo velar entonces por los derechos del padre sin afectar los de la madre?
En busca de opciones
En la sala de espera de una de las entidades sin ánimo de lucro especializadas en salud sexual y reproductiva había siete mujeres menores de 25 años y un solo hombre, papá de una de ellas. Manuel, coautor de este artículo, había ido para saber qué podía hacer en caso de que quisiera ser papá de un hijo de una mujer que no quiere tenerlo. “La asesora que me atendió me explicó que no podía hacer nada porque estaba de por medio el cuerpo de otra persona –mi pareja–. Desde que trabajaba ahí –añadió–, era la primera vez que un hombre se acercaba con esa situación”.
No contento con la respuesta, al día siguiente fue a otra entidad. Encontraría otra vez que los asistentes eran trece mujeres y tres hombres: un papá y dos novios preocupados. “Después de oír mi caso, la asesora me invitó a preguntarme cómo estaba la relación con mi novia”. La pregunta era pertinente. La actitud de un hombre frente a un embarazo es determinante en la decisión de una mujer para interrumpirlo.
De acuerdo con “El lugar de las masculinidades en la decisión del aborto”, un artículo de 2012 por Mara Viveros y Ángela Facundo, investigadoras de la Nacional, hay tres criterios que afectaron a los hombres entrevistados para desear (o no) interrumpir un embarazo: “La evaluación de la relación afectiva en la que están cuando se produce el embarazo; la ponderación de la compañera como una buena futura madre, y la inadecuación del momento del embarazo”. De igual manera, “hay que agregarle el lugar y el significado que tiene la paternidad para el hombre involucrado”, agrega Bárbara Zapata, docente y terapeuta de familia. Pero eso no resuelve el asunto. Independientemente de las razones por las cuales su novia quisiera interrumpir el embarazo, la asesora de la entidad le dice que desde el punto de vista legal, no hay nada que pueda hacer. Ella tiene todo el derecho de abortar: es su cuerpo.
Un caso como el de Manuel no podría ser el único, claro. Muchos hombres que han pasado por este tipo de situación tienen un recuerdo doloroso del episodio. Adolfo es uno de ellos. Tenía 24 años cuando su novia Laura, de 18, quedó embarazada. “Yo tenía claro que era un hijo mío y que tenía que responsabilizarme de él. Eso era lo correcto”. Ella vivía con su tía y acababa de terminar su bachillerato, él vivía con sus padres, trabajaba en el día y estudiaba en las noches. Llevaban tres meses de noviazgo y, por lo general, él utilizaba preservativos, excepto en esa ocasión. Pero Laura se aterró de cómo reaccionaría su papá. Dejó de comer por la depresión y, después de unos días, le planteó que si él no la ayudaba, ella haría lo que fuera necesario para evitar tener ese hijo.
Adolfo y la tía de Laura la acompañaron a una clínica donde un doctor le practicó un aborto que presentó algunas dificultades. El impacto de todo el proceso afectó la relación. Quince días después, Adolfo decidió terminarla: “Ya no quise estar con ella. Me entró remordimiento por haber hecho algo grave. No la he vuelto a ver”. Ahora, a sus 48 años, está casado y tiene dos hijastras. La menor, de 15 años, quedó embarazada hace poco más de un año. Aunque su esposa rechazó la situación, Adolfo dijo que estaba dispuesto a apoyar a la niña si quería tener el hijo. Nació hace cuatro meses y medio.
¿Un asunto femenino?
“No hay en el país las condiciones sociales e institucionales para manejar un caso en el que un hombre quiere ser papá y la mamá no quiere”, asegura Franklin Gil, antropólogo de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional. “Por otra parte, ¿cómo se va a asegurar que esta mujer no va a tener ninguna responsabilidad, que no va a ser estigmatizada por no haber querido ser mamá? Me parece difícil reclamar derechos sobre un evento en el que los dos cuerpos no están en la misma situación”.
En Colombia ocurren entre 300.000 y 400.000 abortos por año, en su mayoría ilegales, y se estima que el 34 % de los casos son de madres solteras cabeza de hogar. En medio de este complejo panorama, la demanda de los hombres por verse más involucrados en la planificación y reproducción ha aumentado en los últimos veinte años, aunque de manera muy incipiente.
Según Claudia Gómez, investigadora de Profamilia, por lo menos la mitad de las jóvenes que van a los 33 centros de jóvenes que tiene la entidad en 29 ciudades del país asisten acompañadas de sus parejas. Consciente de esta situación, Profamilia va a realizar la primera Encuesta de Demografía y Salud para hombres y mujeres en 2015.
Pero no solamente en Colombia se ha enfocado la planificación –y la reproducción– en las mujeres. Solo hasta la Conferencia de El Cairo de 1994 se hizo evidente para la Organización Mundial de la Salud (OMS) que las políticas de planificación debían contar con los hombres. Aunque “desde entonces hasta hoy, no ha habido una recomendación política desde la OMS para decir cómo compartimos la posibilidad de la decisión de la procreación y cómo discutimos el problema del cuerpo”, como anota Hernando Salcedo, uno de los investigadores que llevaron a cabo, entre 1992 y 1995, el estudio El aborto inducido en Colombia, uno de los pocos en el país que habla sobre el aborto desde la experiencia masculina.
En cuanto a políticas públicas en Colombia, por ejemplo el Programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía (PESCC) –que pone de manifiesto la necesidad de incluir ambos géneros en la educación sexual de los colegios– empezó a regir apenas desde el 2008. “La información se le ha entregado a la mujer, por tanto las responsabilidades aumentan para las mujeres y se ha dejado de lado la participación de los hombres. Algunos la reclaman y no tienen respuesta a ese reclamo”, añade Gómez.
Salcedo, por su parte, cree que “el hecho de que la experiencia de la procreación no sea asumida de manera somática por el hombre pone en distancia inmediata todas las posibilidades de lo que implican las consecuencias y decisiones. Pero si uno tuviera más en cuenta a los hombres en el asunto del aborto, incluso replantearía de manera radical el problema del cuerpo”. Al respecto, Mónica Roa, directora de Women’s Link Worldwide, lo ve en estos términos: “La que corre con todos los gastos biológicos y fisiológicos del embarazo es la mujer. Por esa razón, jurídicamente, no se puede condicionar la decisión de abortar o no a lo que opine el hombre. Pero eso no quiere decir que socialmente no deba promoverse que los hombres estén más involucrados dentro de este tipo de decisiones”.
La controversia
En Colombia –donde los hijos no reconocidos por el padre es un problema mucho más crítico que el de los abortos no consentidos– el tema no ha sido aún motivo de debate. Los incipientes estudios y artículos sobre el tema lo corroboran. Sin embargo, en otros países casos de esta naturaleza ya han llegado a la justicia y han generado la movilización de grupos de hombres que reclaman sus derechos. En China, una ley de 2002 (no exenta de polémica) puso en igualdad de condiciones el derecho del hombre y de la mujer frente a la decisión de tener un hijo y hay algunas mujeres denunciadas por sus parejas por haber infringido ese derecho al practicarse un aborto. En Gran Bretaña, aunque varios casos de hombres que buscan impedir que su mujer interrumpa el embarazo han llegado hasta las cortes, hasta ahora todos los intentos en ese sentido han fracasado.
En Estados Unidos, donde la legislación respalda el derecho de la mujer a abortar si lo desea, sin necesidad del consentimiento del hombre, el tema ha sido motivo de agudas controversias, como la generada por el artículo de Dalton Conley en el NYT, y de encarnizados debates en diversos escenarios. Uno de los argumentos más contundentes es el expresado por Armin Brott, más conocido como “Mr. Dad”, padre de tres hijos y quien se ha convertido en una voz con legitimidad en el tema de la paternidad, para quien la inequidad es evidente. “Una mujer puede legalmente privar a un hombre de su derecho de ser padre o forzarlo a ser contra su voluntad”, dice.
Y es que entre quienes se han organizado para defenderse, el principal cuestionamiento es si puede considerarse justo que las mujeres tengan derechos reproductivos, mientras los hombres solo tienen responsabilidades en ese campo. Se refieren a que cuando el hombre no quiere el hijo y la mujer decide tenerlo aun en contra de su voluntad, de acuerdo con las leyes de un gran número de países, el padre está obligado a mantenerlo. ¿Es equitativo que la mujer tenga el derecho a no ser madre, mientras el hombre está obligado a ser padre?, se preguntan.
Con este argumento ha surgido en Estados Unidos un movimiento a favor de lo que se ha conocido como “el aborto masculino”, es decir, el derecho de un padre a “abortar” sus obligaciones y negarse a mantener un hijo no deseado por él que la madre decide dar a luz. Aunque no ha obtenido hasta ahora apoyo legal, sí lo ha logrado de varias organizaciones que defienden los derechos de los hombres frente a la paternidad, no sin ser motivo de fuertes controversias como la planteada por el experto en bioética Jacob Appel, quien argumenta: “Si se le otorga a un hombre el poder de veto sobre la decisión de una mujer de abortar en casos en los cuales él está dispuesto a sostener el hijo, ¿por qué no darle el derecho de exigir un aborto cuando no quiere hacerlo?”.
Otro tema, usualmente ignorado, es el impacto emocional que puede tener en un hombre el aborto no consentido de su hijo. En un artículo para Fox News publicado en 2011, el doctor Keith Ablow, psiquiatra, asegura que “desconocer que hay un daño emocional en los hombres a los que se les priva del poder decidir sobre si abortar o no un hijo es ingenuo”. En sitios web como http://www.menandabortion.info, que han abierto sus puertas a hombres que han afrontado un aborto indeseado para que expresen sus sentimientos de pérdida, dolor e incluso rencor, los testimonios son contundentes.
En una disyuntiva de esta magnitud donde se enfrentan posiciones de género tan disímiles y tan arraigadas, no resulta fácil conciliar las partes ni encontrar un punto de equilibrio. Sin embargo, la tesis que parece estarse abriendo paso entre los moderados es la sustentada hoy por Conley quien, aunque ha revaluado su posición de hace ocho años, piensa que “los hombres deben estar más involucrados con la reproducción en relación con los derechos y responsabilidades”. Esta tesis coincide con la defendida por el National Center for Men, cuyo director, Mel Feit, reitera: “Hasta ahora la decisión sobre la reproducción ha estado en manos de las mujeres. Pero si queremos hombres responsables, ¿lo correcto no sería que ellos también tuvieran opción de decidir?”. “Hasta ahora la decisión sobre la reproducción ha estado en manos de las mujeres. Pero si queremos hombres responsables, ¿lo correcto no sería que ellos también tuvieran opción de decidir?”.
*MANUEL GÓMEZ: Periodista, escritor e ilustrador. Ha participado en desminado civil humanitario en Camboya y Afganistán. *PILAR CALDERÓN: Periodista, directora de Diners

 

 

Con libertad no ofendo ni temo

Un lenguaje surrealista que no describe la realidad. No se trata de etiquetas, se trata de esencia. Por más que se luche en el discurso: Mamá se seguirá escribiendo con la M de Mujer


GRAN BRETAÑA, 01 Feb. 17  (ACI/Actuall).- Con el objetivo de “no discriminar” a los transgénero, la Asociación Médica Británica (BMA) ha facilitado una guía para sus trabajadores en la que se indica que no se llame a las embarazadas “madres gestantes”, sino “personas embarazadas”.

 

Tal y como publica The Telegraph, esta asociación lo ha pedido a través de un documento interno en el que detalla una serie de expresiones que deben ser evitadas, para no ofender al colectivo LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). El documento se llama “Guía para una Comunicación Efectiva: Lenguaje inclusivo en el lugar de trabajo”.
Dentro de estas expresiones, encontramos que “los ancianos” (The eldery), deben ser llamados “personas mayores” (Older people). Los “ascensores para discapacitados” (Disabled lifts), “ascensores accesibles” (Accessible lifts).
Y por último, lo más surrealista de todo el documento, las personas “biológicamente hombre o mujer” (biologically male or female), deben ser llamados “asignado hombre o mujer” (Assigned male or female).
Pero esto no termina aquí. En lo relativo al embarazo, el documento dicta: “una amplia mayoría de la gente que ha estado embarazada o ha dado a luz se identifican como mujeres. Podemos incluir intersexuales y transexuales que pueden quedarse embarazados diciendo ‘personas embarazadas’, en lugar de ‘madres gestantes’”.
La explicación que la asociación británica da es la siguiente: “la desigualdad de género está reflejada en ideas tradicionales sobre los papeles del hombre y la mujer. A pesar de que ha cambiado con el tiempo, los supuestos y estereotipos que a menudo sustentan estas ideas están profundamente arraigados”.Este documento, dice la BMA, es solo una guía para sus trabajadores de cara a una comunicación en el lugar de trabajo. No es, dicen, un consejo para los 156.000 médicos sobre cómo deben tratar a sus pacientes.
Otro de los conceptos en los que hace hincapié el texto es en los términos born male y born female (nacido hombre y nacida mujer). Según la guía, estos términos “son reductivos y simplifican un tema complejo”.
Las palabras surname y last name (apellido), pasarán a denominarse family name (nombre familiar). Los términos “humanidad” y “mano de obra”, que en inglés utilizan la palabra man (Mankind y manpower) también cambian, siendo, en inglés humanity y personnel (personal).
De cara a evitar una “jerarquía”, la BMA en su documento también señala que los términos “Prof”, “Dr”, “Mr”, “Mrs” o “Miss”, deben ser eliminados de cualquier formulario.
Por último, también hacen referencia a los términos “espástico” y “mongol” (spastic / mongol), que deben ser llamados “personas con parálisis cerebral” y “persona con Síndrome de Down”.
Esta guía de trabajo ha levantado, como era de esperar, mucha polémica. El diputado por el Partido Conservador, Philip Davies, ha declarado que “si no puedes llamar a una embarazada madre gestante, ¿hacia dónde está yendo el mundo?”, al mismo tiempo que definía esta guía como “completamente ridícula”.
El antiguo obispo anglicano de Rochester, Michael Nazir-Ali, por su parte, asegura al respecto en The Mail on Sunday: “pienso que es triste que la sociedad esté siendo empujada hacia una dirección. Dios nos ha hecho hombre y mujer, las madres se relacionan con sus hijos de una manera diferente a los padres. Esta normativa va a confundir a la gente sobre el papel vital de las madres de dar a luz a sus hijos”.
En la misma línea se expresa el Obispo católico de Portsmouth, Philip Egan, que piensa que este documento puede generar “mucha confusión y daño”. “Es Orwelliano, otro ejemplo de personas que tratan de controlar nuestros pensamientos y la forma en que hablamos“, afirma el obispo.
En el lado contrario, el del lobby LGTBI, se muestran encantados con el documento de la BMA. Así lo expresa, por ejemplo, Heather Ashton, miembro de TG Pals, un grupo de apoyo a los transexuales: “sabemos que las mujeres biológicas son las que se quedan embarazas, pero los transexuales también” (sic).
“Es un gran paso para prevenir la discriminación contra ellos. El hecho de que la terminología esté cambiando solo puede ser positivo para todos los que quieren ser padres y tienen el derecho de serlo”, continúa Ashton.
Contados casos de embarazos transexuales en el Reino Unido
Una de las excusas en las que se basa la BMA es el escaso número de embarazos en personas transexuales. Recientemente, en la localidad de Briton, una persona que nació chica, pero quería convertirse en chico, se operó para poder tener un hijo.
Según cita el Telegraph, Hayden Cross, de 20 años, es legalmente un hombre. Actualmente se está hormonando, pero no se ha sometido a cirugía todavía. No hay más casos de personas que cambian de sexo que se queden embarazadas en el Reino Unido.
fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/medicos-britanicos-piden-no-hablar-de-madres-gestantes-para-no-ofender-a-transexuales-14839/